Carta a mamá

Fotografía: Dayana Jiménez 2013.

 

«El primer poema que leí, fue la sonrisa de mi madre»

Señora Ana:

Hace poco menos de cincuenta años usted vino al mundo para hacerlo mejor. Créame que sí. Dejó a su pueblo en medio de la nostalgia, para ir en la búsqueda de sus sueños, porque a diferencia de tantos, siempre supo lo que quería.

Llegaste a la capital guajira, perdóname si te empiezo a tutear, para empezar la universidad y justo en el primer día de clases un muchacho te dice: «así sí me caso yo», qué atrevido, ¿cierto? Mira como es la vida, ese muchacho terminaría siendo mi papá.

Viviste el amor, viviste la pérdida, te casaste, me tuviste y terminaste tu carrera.

Empecé a crecer y con ternura me regalabas muñecas, de todos los tamaños, colores y ropas. A mi nunca me gustaron, a pesar de tu perseverancia no fui capaz de encontrarle sentido a esos objetos inanimados. Creo que siempre pensé que tenía cosas más importantes que hacer. Me imagino tu preocupación por encontrar los juguetes adecuados para mí, pero me amaste, con mis rarezas y todo. Eso es lo que hacen las madres, amar.

Recuerdo, siendo aún una niña, que con un gesto grosero no quise saludar a uno de los trabajadores de la casa que por esos días andaba en remodelación, me llamaste al cuarto, seria, con la mirada fija y serena, me sentaste, lo único que dijiste fue: El mundo no es tuyo. Te fuiste, y me dejaste ahí, sin nada que decir. Dicen que las palabras marcan más que los golpes, y no habrá forma de olvidar esa lección. Me has enseñado que todos merecemos un trato justo, que nadie puede creerse más que nadie, porque la verdadera grandeza radica en la humildad.

Un día junto a mi papá me compraste un castillo lleno de cuentos, me los leí todos, ¡en un día!, habías, por fin, dado en el blanco, encontraste, sin querer, mi eterna pasión: las letras. Desde ese momento me has apoyado, has reído y has llorado conmigo, en mis días difíciles, y en mis gloriosos, me convenciste que era capaz de todo, siempre y cuando trabajara por ello, que mi actitud hace la diferencia, y que soy afortunada cuando en este mundo hay tantos hechos terribles y tristes. Me has animado a perseguir mis sueños, dime, ¿qué hubiese sido de mi vida sin ti?

Me enorgulleces, por todo, porque en tus defectos yo veo perfección, porque has luchado contra las adversidades, porque has mantenido esa sonrisa inquebrantable, porque eres hermosa, por tu desparpajo al decir lo que piensas, por tu sabor, por tu fuerza.

He tenido tanto que no encuentro como agradecerle a la vida, pero en mis noches, siempre le pido que me haga parecerme un poquito más a ti, porque en mis ojos veo la generosidad de tu corazón, ese corazón que muchos olvidan en estos tiempos.

Madre, tú eres mi mayor inspiración.

Te amaré por siempre.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s