A los caóticos días

«Sé amable, pues cada persona que encuentras está librando una dura batalla»

Era miércoles de la semana más desafiante de los últimos meses, planes de trabajo, equipo, responsabilidades, manejo del tiempo, universidad, corazón, sentimientos, distancia. Todo en un mismo pensamiento, junto, sin espacio. Para colmo, mi sonrisa ni siquiera se había asomado. Era el momento en que quería escaparme para estar sola y sin preocupaciones, sólo había un detalle: en menos de una hora tendría uno de los últimos exámenes, con mi intento de huida fallido, salí de la biblioteca dispuesta a encontrarme con una señal, o algo parecido.

Mis pies me llevaron al punto G, pero el de la facultad, y mientras llegaba al bloque, escuchaba a lo lejos una melodía que me parecía familiar, al instante volteo mi mirada, y es una guitarra tocando lo que le pertenece a un acordeón, ¡Dios mío!, qué hermosura, me sentí un poco más cerca de esa tierra de donde soy, percibí como si La Guajira a lo lejos y Barranquilla a lo cerca me estuviesen hablando, y recordé todo lo que he escrito en la distancia sobre mi fortuna y el rayito de esperanza, ahí estaban ellos, mis compañeros, que sin enterarse habían salvado mi tarde en su ciudad que ahora también siento como mía. Sonreían, disfrutaban, mientras el resto de estudiantes los veían como un caso aparte, me senté en una esquina solamente para verlos y disfrutar, pues a pesar de sus problemas seguían de pie, y ahí, dulcemente volvió a aparecer mi sonrisa. Y canté, y aplaudí, y bailé.

¿Has sentido en las mañanas como si las fuerzas se te estuviesen acabando? ¿como si no pudieras levantarte después de una dura caída? ¿como con un vacío en el alma? Sin vacilación yo acepto que lo he sentido, pero mira a tu alrededor, todos pasamos por algo similar, complicado y difícil. Cada quien tiene su lucha interna, y eso hay que entenderlo. No es fácil y nunca lo será, pero tu felicidad dependerá proporcionalmente de tu actitud. Siempre.

El tiempo pasó y la hora de nuestro examen había llegado, recogí mi morral con mi sonrisa bien puesta, avisándoles a los caóticos días que han de venir que estoy lista para no dejarme vencer.

Y sí, esa era la señal que estaba esperando.

Lucha por esa sonrisa preciosa que tienes, ¿vale?

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